Domo Bochica

BOCHICA maestro de los muiscas dicen que era alto y de piel colorada, con ojos claros, barba blanca y muy larga que le llegaba hasta la cintura. Vestía una túnica también larga, sandalias y usaba un bastón para apoyerse. Él les había enseñado a sembrar y cultivar en las tierras bajas que quedaban próximas a la sabana y a orar. Cuando se iniciaron las lluvias, Bochica estaba visitando el poblado de Sugamuxi (hoy Sogamoso), en donde había un templo dedicado al sol.

Los chibchas decidieron llamar a Bochica, porque era un hombre bueno que podría ayudarlos, o se acabaría todo el imperio a causa de la gigantesca inundación. El anciano dialogó con dificultad con los caciques, pues no dominaba su lengua, pero se hacía entender y le comprendían bastante. Se retiró a un rincón del bohío que tenía por habitación, rezó a su dios, que era uno solo. Y luego salió y señaló hacia el suroccidente de la sabana.

Cuentan además que cientos de indios organizaron una especie de peregrinación con él. Se detuvieron después de varios días en el sitio exacto en donde la sabana terminaba, las aguas se agolpaban furiosas ante un cerco de rocas. Los árboles enormes y la vegetación selvática frenaban la furia del agua. Bochica, con su bastón, miró al cielo y tocó con el palo las imponentes rocas. Ante la sorpresa y admiración de unos y la incredulidad de otros, las rocas se abrieron como si fueran de harina. El agua se volcó por las paredes, formando un hermoso salto de abundante espuma, con rugidos bestiales y dando origen a una gran catarata. La sabana, poco a poco, volvió a su estado normal. Y allí quedó el “Salto del Tequendama”. Dicen que Bochica, tiempo después, desapareció silenciosamente como había venido.

Detalles

Los precios comienzan en: $300,000 por noche

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